Cuando Manuel Zeno Gandía vino a Santa Isabel

El autor de La Charca, una de las grandes novelas puertorriqueñas del siglo XIX, llegó a Santa Isabel en mayo de 1896. No vino a escribir una novela ni a conocer nuestro pueblo como turista. Vino hasta Cayito en la playa para investigar unas misteriosas piezas de barro que podían demostrar que allí había vivido una antigua comunidad indígena.

Hoy caminamos por Cayito y quizás vemos solamente una playa. Pero hace más de 130 años, aquel lugar llevó a uno de los intelectuales más reconocidos de Puerto Rico a preguntarse qué historia escondía su tierra.

La visita del doctor Manuel Zeno Gandía ocurrió el domingo 10 de mayo de 1896. Su presencia convirtió un antiguo misterio local en un asunto que despertó el interés de hombres vinculados a la literatura, el periodismo, la medicina y la investigación histórica.

Y todo comenzó con unos fragmentos de barro que los vecinos llevaban encontrando allí desde hacía más de dos décadas.

Aquellas piezas parecían pequeñas cosas del pasado. Para algunos, podían ser simplemente objetos fabricados por personas de tiempos más recientes. Para otros, eran mucho más que eso.

Podían ser las huellas de los primeros habitantes de Santa Isabel.

Un escritor famoso frente al misterio de Cayito

Para entender la importancia de aquella visita, hay que recordar quién era Zeno Gandía.

Era médico, escritor, periodista y político. En 1894 había publicado “La Charca”, obra que con el tiempo sería considerada una de las grandes novelas puertorriqueñas del siglo XIX. En 1896 publicó también “Garduña”.

Pero detrás del escritor existía un hombre profundamente interesado por la historia y la ciencia de su país.

Zeno Gandía conocía los debates de su época sobre los indígenas de Puerto Rico. Mantenía contacto con investigadores y personas que coleccionaban y estudiaban los restos de las antiguas culturas antillanas.

Por eso, cuando don Claudino Márquez le escribió sobre los hallazgos de Cayito, Gandía prestó atención a esa carta.

Algunas personas respetables del pueblo aseguraban que las figuritas habían sido hechas por muchachos, hijos de trabajadores de una alfarería que había funcionado en aquella zona.

Márquez decidió consultar al famoso escritor y le escribió invitándole a venir a nuestro pueblo.

La respuesta de Zeno Gandía fue firme. Consideraba muy difícil aceptar que aquellos objetos fueran simples imitaciones. Las piezas encontradas en Santa Isabel, explicó, guardaban semejanzas con restos indígenas encontrados en otras partes de las Antillas.

Había detalles en sus formas, colores y figuras que, a su juicio, no podían explicarse fácilmente como una fabricación reciente. Pero Zeno Gandía no quiso conformarse con una opinión. Quiso venir a verlo con sus propios ojos.

El domingo que Zeno Gandía caminó por Cayito

El domingo 10 de mayo llegó a Santa Isabel acompañado por otras personas interesadas en el hallazgo. Junto a Claudino Márquez y el doctor Giol, recorrió Cayito. Hablaron con los vecinos. Hicieron pequeñas excavaciones y recogieron piezas que todavía permanecían en el terreno. Para él, aquello era una señal clara de que en aquel lugar había existido una comunidad indígena.

Pero había una duda que podía cambiarlo todo.

Al final de la jornada habían reunido más de 50 objetos de cerámica, entre ellos ánforas, vasijas, jarros y figuras. Estos habían aparecido mezclados con caracoles y conchas. Algunos fueron llevados para su posterior estudio.

Pero entonces apareció un hallazgo todavía más inquietante. Entre la tierra encontraron restos de un esqueleto. Don Claudino dice que no pudieron establecer científicamente si pertenecía a un indígena o a una persona “negra”. El material estaba demasiado deteriorado y faltaban elementos que permitieran identificarlo con certeza.

Por eso decidieron continuar las investigaciones. La ciencia todavía tenía preguntas que responder. Pero una conclusión comenzó a tomar forma.

El sector Cayito de la Playa de Santa Isabel había sido escenario de una antigua presencia indígena.

La historia quedó escrita. Tenemos la suerte de que aquel momento no quedó solamente en la memoria de quienes estuvieron allí. Pocos días después, don Claudino Márquez escribió sobre la carta que le envió a Gandía, la visita y los descubrimientos.

El artículo apareció en el periódico “La Democracia”, de Ponce, el 15 de mayo de 1896, bajo el título «Despojos indios».

Márquez describió los hallazgos y contó los argumentos de Zeno Gandía. También narró la visita a Cayito y las conclusiones alcanzadas después de examinar los objetos.

El documento nos permite acercarnos a aquel domingo de mayo como si pudiéramos caminar junto a ellos.

Podemos imaginar a Zeno Gandía observando los fragmentos. A los vecinos de Cayito mostrando las piezas que habían guardado. A los investigadores tratando de reconstruir, con pequeños pedazos de cerámica, una historia que llevaba siglos enterrada.

También podemos imaginar la emoción de aquellos santaisabelinos al descubrir que la tierra que pisaban todos los días podía estar hablándoles de un pueblo mucho más antiguo.

Cayito y la memoria de Santa Isabel

La visita de Manuel Zeno Gandía fue mucho más que una anécdota. Representó un momento importante en el reconocimiento del pasado indígena de Santa Isabel. Fue una de las primeras ocasiones en que hallazgos sobre los primeros habitantes de nuestro pueblo quedaron documentados y examinados dentro de los círculos intelectuales de la época.
De ahí en adelante, diferentes organizaciones de Puerto Rico y Estados Unidos comenzaron a realizar excavaciones en este lugar y en otros de nuestro pueblo.

Aquellos hombres todavía tenían muchas preguntas. Pero dieron un paso importante. Habían comenzado a mirar a Cayito no solamente como un lugar del presente, sino como un espacio donde permanecían las huellas de quienes vivieron allí mucho antes que nosotros.

Hoy conocemos el sitio de otra manera.
Quizás cuando volvamos a caminar por Cayito recordemos que debajo de esa arena pudo existir una comunidad. Que entre aquellas tierras alguien dejó una vasija, una figura o un objeto que sobrevivió durante siglos.

Y que un domingo de mayo de 1896, Manuel Zeno Gandía, el famoso autor de “La Charca”, llegó hasta Santa Isabel para escuchar lo que aquellas piezas tenían que contar.

La historia de un pueblo también se construye con esos pequeños fragmentos.

¿Conoces historias familiares sobre hallazgos indígenas en Cayito o en otros lugares de Santa Isabel?

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