Un carruaje se detiene a media legua del pueblo. Miles de personas a pie y a caballo y una banda esperan. De pronto, un reconocido médico y político se baja de un salto y se lanza a los brazos de un viejo amigo santaisabelino que no veía desde que este estuvo preso en el Castillo del Morro. Eso pasó en Santa Isabel y casi nadie lo recuerda hoy.
El pueblo que vio llegar a Barbosa
Ocurrió el 13 de diciembre de 1897. El Dr. José Celso Barbosa venía a Santa Isabel a participar de un “meeting”, como le decían desde esos tiempos a los encuentros políticos para reorganizar los “puristas” del Partido Autonomista en nuestro pueblo.
Barbosa no era un político cualquiera. Fue el primer puertorriqueño en graduarse con altos honores de medicina en Estados Unidos. Lo logró en la Universidad de Míchigan, en 1880, siendo descendiente de africanos, en una época en que no era fácil estudiar en Norteamérica si no eras blanco y de apellido conocido.
Regresó a la isla y se dedicó, en su primera etapa, a dos cosas: curar gente y luchar por la autonomía de Puerto Rico. Fundó la primera cooperativa de la isla, organizaciones mutualistas y el periódico bilingüe “El Tiempo”. Por un breve tiempo estuvo preso por sus ideas autonomistas.
Barbosa creía en algo que llamaban «autonomía pura». No quería que el proyecto político de Puerto Rico dependiera de un partido español. Quería que fuera nuestro, de principio a fin.
Esa idea lo llevó a chocar con el autonomista Luis Muñoz Rivera, quien prefería aliarse con el político español Sagasta. El Partido Autonomista se partió en dos. Aquel día de diciembre, Santa Isabel se llenó de gente que seguía a Barbosa.
El abrazo que cargaba diez años de dolor
Para entender ese abrazo en la entrada del pueblo, hay que ir diez años atrás. En 1887 llegó a Puerto Rico el general Romualdo Palacio. Este comenzó una persecución feroz contra los líderes autonomistas. Los acusaron de conspirar contra España. El episodio se conoce como «El componte».
El 6 de noviembre de ese año, sacaron a 16 líderes autonomistas rumbo al Castillo del Morro, en San Juan. Los condenaron a muerte. Entre ellos estaba Román Baldorioty de Castro y también un hombre de Santa Isabel: don Pedro María Descartes.
El escándalo fue tan grande que llegó hasta la prensa internacional. Poco después, España destituyó al general Palacio y los 16 presos salieron libres.
Pero salir libre no borra lo vivido. Barbosa y Descartes habían compartido esa experiencia, esa incertidumbre, ese miedo. Y no se habían vuelto a ver desde entonces.
Hasta ese lunes 13 de diciembre de 1897, cuando el carruaje de Barbosa entró a Santa Isabel.
Sin embargo, después de la invasión norteamericana, Barbosa cambió. El 4 de julio de 1899, fundó el Partido Republicano de Puerto Rico, que abogaba por la estadidad, convirtiéndose en el fundador del movimiento estadista.
Lo que cuentan los papeles viejos
En 1897, Barbosa era una de las figuras clave del Partido Autonomista Puertorriqueño, que había logrado ese año la Carta Autonómica otorgada por España.

El periódico El País, vocero del partido autonomista, publicó una crónica completa de la visita a nuestro pueblo.
Ahí quedó escrito el momento exacto. Descartes salió a esperar a la comisión a media legua del pueblo, junto a miles de personas. Entre ellos, los líderes locales: don Emilio Dolores Aponte, don Angel Bernard Torres, don Aquilino Laboy, el Lodo. Betances y luego en el pueblo se añadió el rico hacendado don Juan Cortada.
Cuando Barbosa lo vio, se bajó del carruaje y corrió a abrazarlo.
El cronista escribió que Barbosa no veía a Descartes desde «la luctuosa época en que fue encerrado en las frías e insalubres prisiones del Morro… por su amor a la autonomía». Esa frase, escrita en el español de la época, todavía duele.
La crónica sigue con detalles que hoy nos parecen casi de otra película. Una orquesta tocando «La Borinqueña». Veintiséis coches de caballos llegados de Coamo, Ponce y Juana Díaz. Cuando entró la caravana al pueblo, las “señoras” le lanzaban flores desde sus balcones. Luego tuvieron un banquete de almuerzo con champán y vinos traídos de Ponce.
Después, el mitin donde Barbosa habló y la gente, según el cronista, lo aclamó con delirio.
Todo eso quedó guardado en una página de periódico, amarillenta, casi olvidada. Hasta hoy.
Lo que ese día nos dejó
Ese “meeting” en Santa Isabel fue más que una fiesta política. Fue el reencuentro de dos hombres que pagaron con cárcel su amor por esta tierra.
Descartes no fue un nombre grande de los libros de historia. Fue un vecino más, un comerciante, un agricultor de nuestro pueblo que, luego de la invasión norteamericana, fue alcalde y legislador nacional. Su principal contribución en el gobierno estatal fue su propuesta en 1900 para que se le otorgara el voto a la mujer puertorriqueña. Pero estuvo ahí, en el Morro, jugándose la vida junto a héroes de Puerto Rico.
Eso nos dice algo importante. La historia grande de la isla no solo la hicieron los que salen en las estampillas. También la hicieron gente de aquí, de Santa Isabel, que un día decidió creer en algo y pagó el precio.
Cuando caminamos hoy por nuestra plaza, es fácil olvidar que ahí, hace más de cien años, un pueblo entero salió a recibir a dos hombres que habían sobrevivido al Morro. Esa plaza fue testigo de un abrazo cargado de dolor y de esperanza.
¿Y tú, qué recuerdas?
Esta historia estuvo guardada en un periódico viejo durante más de cien años. Seguro que hay más historias como esta, dormidas en un baúl, en una foto vieja, en lo que contaba tu abuela.
¿Conociste algo de la familia Descartes en Santa Isabel? ¿Tienes fotos viejas del pueblo, cartas, recortes de periódico que nadie ha visto?
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Fuentes
Reorganización: El meeting en Santa Isabel, El País, 24 de diciembre de 1897, pág. 2.
Pedro María Descartes, padre del voto de las mujeres, El Valle del Cemí.






